Haciendo historia. El Pity abriò el marcador en la Supercopa ante Boca el pasado 14 de marzo (Foto: La Voz).

Gonzalo Martínez festeja sus 25 años todavía como jugador de River, club en el que fue muy criticado al comienzo, luego se afianzó, se ganó el cariño de la gente y consiguió siete títulos en tres años y medio.

Si llega una oferta se irá. Así lo manifestó el diez millonario y así lo sabe Gallardo y la dirigencia. Siempre y cuando sea una propuesta convincente y preferentemente de Europa. En Nuñez por ahora saludan a una de las piezas más importantes que tiene el armado del equipo y que fue una obsesión del muñeco cuando lo vio en Huracán. El técnico tuvo que esperar un mercado de pases más para que la dirigencia le concediera el deseo y lo traiga en enero de 2015 por 40 millones de pesos.

Cuando desembarcó, la vara era alta porque en 2014 se consiguió un torneo local y una Copa Sudamericana. Arrancaba una muy buena Era en la institución y los jugadores tenían que estar a la altura de las circunstancias. Con un equipo que tenía figuras como Pisculichi, Teo Gutiérrez, Carlos Sánchez, Kranevitter, Mercado, Vangioni, Barovero, entre otros, el Pity tuvo que hacerse un lugar de a poco y en una posición en la que no estaba acostumbrado en su antiguo club. Aunque se sintió libre para jugar por el medio muchas veces, mayoritariamente ocupó la banda izquierda del ataque, con velocidad para pasar y tirar el centro.

Las principales críticas al diez eran que le faltaba pausa, pensar la jugada y por lo general no terminaba bien las ocasiones que generaba. Pasó de ser protagonista en Huracán a levantar murmullos y descontentos en los anillos del Monumental. Sin embargo, siempre contó con el respaldo del DT y la continuidad resultó muy importante para que su paso en la banda no sea efímero. De a poco fue sumando rendimientos buenos en momentos específicos, pero en general la contemplación que hacía el hincha era negativa y el enganche tuvo que seguir esforzándose. El primer título fue el de la Recopa Sudamericana contra San Lorenzo en febrero de 2015. El Pity jugó en los dos encuentros que terminaron ambos en victorias 1 a 0 sobre el ciclón.

Ese mismo año hubo otro Superclásico internacional por los octavos de la Libertadores. En la ida, a Martínez le hicieron el penal que terminó en el gol de Carlos Sánchez para sellar el triunfo por 1 a 0 en casa. Luego vino el episodio del recordado gas pimienta y en agosto en Nuñez gritaron campeón del torneo luego de 19 años de sequía. El ex quemero ostentaba a sus 22 años un trofeo importantísimo tanto para su historia personal como para la historia del club. Luego se vino la conquista de la Suruga Bank y la final perdida contra el Barcelona de Messi en Japón. Más allá de los logros, Pity seguía siendo resistido, sobre todo porque le exigían más a quién cargaba con un número tan representativo en sus espaldas.

No es preciso saber en qué momento o en qué partido comenzó a revertir la historia, pero en un River de trancisión, muy cambiante, que se despegó de los campeones de América, incorporó refuerzos que luego no resultaron y no pudo potenciar jugadores de inferiores como se hubiera deseado, el diez fue de lo más regular de todo ese ciclo inestable y vale destacar esa entrega y amor propio que jamás abandonó. El año 2016 fue muy pobre para el equipo en lo futbolístico. Se ganaron una Recopa Sudamericana y una Copa Argentina, muy festejada porque resultó ser la única puerta para entrar a la próxima Libertadores. El cumpleañero empezó a ser relevante y de lo mejor a comienzos del 2017, y sus detractores cada vez eran menos, ya que su rendimiento comenzó a ser regular. Además, algo para destacar es que contra Boca siempre estuvo, puso la cara y rindió. Sus actuaciones más recordadas serán aquella victoria por 3 a 1 en la Bombonera por el torneo local (hizo el primer gol de volea) y la Supercopa ganada en marzo de este año (hizo el primero de penal).

Hoy están felices tanto el futbolista como los hinchas que le reconocen el juego y la entrega. Aunque haya costado, el cariño se consolidó en base a la continuidad y el esfuerzo. Quizás el momento más caldeado de estos tres años haya sido cuando, tras un gol a Quilmes, el diez hizo el gesto de silencio respondiendo a las críticas de la tribuna. Un gesto que no cayó nada bien, que fue un error y que está muy alejado de la postura que siempre ha tenido en el club: humildad y autocrítica. ¡Feliz Cumple, Pity!

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